Las aventuras de Huckleberry Finn

Las aventuras de Huckleberry Finn

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XXXV

PLANES SECRETOS Y TENEBROSOS

Aún faltaba cerca de una hora para desayunar, de modo que nos fuimos y nos internamos en el bosque. Porque Tom decía que necesitábamos alguna luz para ver mientras cavábamos y que una linterna da demasiada y pudiera resultar demasiado comprometedora. Lo que necesitábamos era un montón de madera podrida que llaman fosforescente, y que da un resplandor suave cuando se la pone en un lugar oscuro. Recogimos un brazado y lo escondimos entre las matas, y nos sentamos a descansar, y Tom dijo, muy satisfecho:

—¡Recanastos! Todo esto es tan fácil y tonto como pueda serlo. De modo que resulta dificilísimo idear un plan difícil. No hay vigilante al que narcotizar… Tendría que haber un vigilante. Ni siquiera hay un perro al que dar algo para que se duerma. Y ahí está Jim, sujeto por una pierna, con una cadena de diez pies de largo, a la pata de la cama. ¡Si a uno le basta con levantar la cama y quitar la cadena! Y tío Silas tan confiado. Manda la llave al negro de la cabeza de calabaza y no manda a nadie para que vigile al negro. Jim habría podido escaparse por esa ventana hace tiempo, solo que hubiera sido inútil intentar viajar con una cadena de diez pies de largo sujeta a la pierna.


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