Las aventuras de Huckleberry Finn

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XXXVIII

AQUÍ SE ROMPIÓ UN CORAZÓN CAUTIVO

Fue de alivio el trabajo que nos costó hacer las plumas y también la sierra. Y Jim dijo que la inscripción sería lo más duro de todo. Quiero decir la que ha de escribir el prisionero en la pared. Pero era necesaria, Tom dijo que había que hacerla. No sabía de ningún prisionero de Estado que no hubiese hecho una inscripción para que quedase y también su escudo de armas.

—Fíjate en lady Jane Grey —dijo—; fíjate en Gilford Dudley; ¡fíjate en Northumberland! Supongamos que sí hay mucho trabajo, Huck, ¿y qué?… ¿Qué vas a hacer?… ¿Cómo lo evitas?… Jim tiene que dejar su inscripción y su escudo de armas. Así lo hacen todos.

Jim dijo:

—Pero, amo Tom, ¡si yo no tengo escudo de armas! No tengo nada más que esta camisa y ya sabe que tengo que poner mi diario en ella.

—Oh, no comprendes, Jim; un escudo de armas es muy diferente.

—Bueno —dije—, pero de todos modos a Jim no le falta razón cuando dice que no tiene escudo de armas, porque no lo tiene.


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