Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn LA ATROPELLADA Y MAGNÍFICA FUGA
Después del desayuno estábamos bastante satisfechos y cogimos mi canoa y nos fuimos por el río, de pesca, con la comida, y lo pasamos bien, y echamos una mirada a la balsa y vimos que estaba bien, y llegamos tarde a casa para cenar.
Los encontramos allí tan angustiados y preocupados que no sabían ya si andaban de pies o de cabeza. Nos hicieron ir aprisa a la cama en cuanto acabamos de cenar y no nos quisieron decir qué pasaba, y no dijeron una palabra de la nueva carta, ni falta que hacía, puesto que nosotros sabíamos tanto de ella como el que más.
Cuando llegamos a mitad de la escalera y tía Sally volvió la espalda, nos escurrimos hacia la alacena del sótano, cargamos con una buena comida, que nos llevamos al cuarto, y nos acostamos. A eso de las once y media nos levantamos y Tom se puso el vestido de tía Sally, que había robado, e iba a salir con la comida, pero dijo:
—¿Dónde está la mantequilla?
—Puse un buen pedazo encima de una rebanada de pan de maíz.
—Pues entonces te lo dejarías puesto… Aquí no está.
—Podemos pasarnos sin ella —dije.
