Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn POR QUÉ NO AHORCARON A JIM
El viejo volvió otra vez al pueblo antes de desayunar, pero no pudo encontrar ningún rastro de Tom. Y los dos se sentaron a la mesa, pensando, y sin decir una palabra, y con cara de tristeza, y el café se les iba quedando frÃo, y no comÃan nada. Y al cabo de un rato, el viejo dijo:
—¿Te di la carta?
—¿Qué carta?
—La que cogà ayer en correos.
—No, no me diste ninguna carta.
—Pues debo de haberme olvidado.
Y se puso a buscar en los bolsillos, y después se fue no sé adónde, al lugar en que la habÃa dejado, y la trajo, y se la dio. Dijo ella:
—Pero ¡si es de San Petersburgo… de mi hermana!
Me pareció que no me irÃa mal otro paseÃto, pero no pude moverme. Antes de que la tÃa pudiera abrir la carta, se le cayó y echó a correr, porque habÃa visto algo. Y yo también. Era Tom Sawyer, sobre un colchón. Y el médico, y Jim, con su vestido de indiana, y las manos atadas a la espalda, y un montón de gente. Escondà la carta detrás de la primera cosa que me vino a mano y corrÃ.
TÃa Sally se abalanzó hacia Tom, diciendo:
