Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn LA TUMBA FLOTANTE
Deseaba ir a echar un vistazo a un sitio próximo al centro de la isla que había encontrado al explorarla. De modo que emprendimos el camino y pronto llegamos a él porque la isla solo tenía tres millas de largo y un cuarto de milla de anchura.
Aquel lugar era una colina escarpada, o loma bastante larga, de unos cuarenta pies de altura. Pasamos penas y trabajos para llegar a la cima, de tan pendientes que eran las laderas y tan espesos los matorrales. La recorrimos toda y, por fin, encontramos una gran caverna en la roca, en el lado que miraba a Illinois.
La gruta era tan grande como dos o tres cuartos juntos y Jim podía estar de pie, derecho, en ella. Se estaba muy fresco. Jim era de la opinión de que enseguida metiéramos todas nuestras cosas allí, pero yo le dije que no nos interesaba estar subiendo y bajando continuamente.
Jim dijo que si escondíamos la canoa en un buen sitio y guardábamos todo nuestro equipaje en la caverna, podríamos correr allí si alguien desembarcaba en la isla, y que si no usaban perros jamás lograrían encontrarnos. Además, aquellos pajaritos habían dicho que iba a llover, ¿quería yo que se mojaran las cosas?
