Los diarios de Adan y Eva
Los diarios de Adan y Eva Pasé por un período agitado. La otra noche me escapé y monté un caballo tan velozmente como fue posible, esperando salir del parque y ocultarme en alguna otra región antes de que empezaran los problemas; pero no pudo ser. Alrededor de una hora después del alba, mientras cabalgaba por la florida planicie donde miles de animales estaban pastando, descansando o jugando, como de costumbre, estalló de pronto una tempestad de ruidos espantosos, y en un momento en la planicie reinó una frenética conmoción y cada bestia comenzó a atacar a su vecino. Supe lo que significaba: Eva había comido aquel fruto, y la muerte había llegado al mundo… Los tigres se comieron mi caballo, sin prestar atención cuando les ordené que desistieran, y hasta me habrían comido a mí si me hubiera quedado en el lugar, lo cual no hice, pues partí con premura… Encontré este sitio, fuera del parque, y resultó bastante confortable para unos pocos días, pero ella me encontró.