Los diarios de Adan y Eva
Los diarios de Adan y Eva He estado comparando al nuevo con el anterior, y es perfectamente evidente que se trata de la misma raza. Iba a embalsamar uno para mi colección, pero ella se niega por alguna razón; he desistido de la idea, aunque pienso que es un error. Sería una pérdida irreparable para la ciencia si desaparecieran.

El mayor está más domesticado, puede reír y hablar como un loro; sin duda lo ha aprendido por estar mucho tiempo con el loro, y por tener muy desarrollada la capacidad de imitar. Me sorprendería que se convirtiera en un nuevo tipo de loro, y sin embargo no debería sorprenderme, pues ya ha sido todo lo que se me ha ocurrido, desde aquellos primeros días en que era un pez. El nuevo es tan feo ahora como el viejo lo era al principio; tiene la misma complexión de carne sulfurosa y cruda y la misma cabeza singular, sin pelos. Ella lo llama Abel.
Diez años más tarde