Los diarios de Adan y Eva
Los diarios de Adan y Eva Sábado
Tengo casi un dÃa de edad. Llegué ayer. Eso creo, al menos. Y debe ser asÃ, pues si hubo un dÃa antes de ayer, yo no estaba en ese momento; de lo contrario, lo recordarÃa. PodrÃa ser, desde luego, que hubiera ocurrido y que yo no lo notara. Muy bien; ahora prestaré atención, y si vuelve a suceder algún anteayer, tomaré nota. Me parece preferible llevar una cuenta exacta y no dejar que los dÃas se embarullen, mi instinto me dice que algún dÃa estos pequeños detalles tendrán una gran importancia para los historiadores. Tengo la sensación exacta de ser una suerte de «experimento»; serÃa imposible que nadie tuviera esta impresión con mayor nitidez que yo, de modo que me estoy convenciendo de que eso es lo que soy: un experimento; un experimento y nada más.
Entonces, si soy un experimento, ¿soy la totalidad del experimento? No, no lo creo; creo que las demás cosas que me rodean forman parte de él. Yo soy la parte más importante, pero pienso que el resto también participa del asunto. ¿Mi situación es segura, o debo estar alerta y ocuparme de cuidarla? Esto último es lo más probable.
Un instinto me dice que la vigilancia eterna es el precio de la supremacÃa. (Creo que esta frase está muy bien para alguien tan joven como yo).

