Los diarios de Adan y Eva
Los diarios de Adan y Eva 
Cuando miro hacia atrás, el jardín me parece un sueño. Era bello, insuperablemente bello, encantadoramente bello; ahora está perdido, y no volveré a verlo.
El jardín está perdido, pero lo encontré a él, y estoy contenta. Me ama tanto como puede; yo lo amo con toda la fuerza de mi apasionada naturaleza, y esto, creo, es propio de mi juventud y de mi sexo. Si me pregunto por qué lo amo, encuentro que no lo sé, y en realidad no me importa; de modo que supongo que este tipo de amor no es un producto del razonamiento ni de las estadísticas, como el amor por los reptiles y los animales. Creo que debe ser así. Amo ciertos pájaros por su canto, pero no amo a Adán por su canto… no, no es por eso, porque cuanto más canta menos me gusta escucharlo. Sin embargo, le pido que lo haga; porque quiero aprender a amar todo lo que le interesa. Estoy segura de poder aprender, porque al principio no podía soportarlo, pero ahora puedo. Puede que agrie la leche, pero no importa, puedo habituarme a esa clase de leche.