Narrativa breve
Narrativa breve P. D.: CIUDADANOS DE HADLEYBURG: La indicación no existe. Nadie dijo tal cosa. [Gran suspiro./No hubo tal forastero pobre, ni dádiva de veinte dólares, ni bendiciones ni cumplido adjuntos. Todo eso son invenciones. (Zumbido general y canturreo de sorpresa y placer] Permítanme que les cuente mi historia, bastará con unas pocas palabras. En cierta ocasión pasé por Hadleyburg y sufrí una profunda ofensa, que no merecía. Cualquier otro se habría conformado con matar a uno o dos de ustedes y con ello se hubiera dado por satisfecho, pero a mí esto me pareció un desquite trivial e inadecuado: los muertos no sufren. Además, yo no podía matarlos a todos y, por otra parte, siendo como soy, ni aún eso me habría dejado satisfecho Quise perjudicar a tocaos los hombres de la ciudad y a todas las mujeres, y no en sus cuerpos o en sus fortunas, sino en su orgullo, el punto en que es más vulnerable la gente débil y tonta. De modo que me disfracé y volví y les estudié. Ustedes eran presa fácil. Tenían una antigua y elevada reputación de honradez y, naturalmente, se enorgullecían de ella: la honradez era el tesoro de los tesoros, la niña de sus ojos. Apenas hube descubierto que se mantenían ciudadosa y atentamente y mantenían a sus hijos al margen de la tentación, supe cómo debía proceder. -¿No comprenden ustedes, seres simplones, que la más débil de todas las cosas débiles es la virtud que no ha sido probada por el fuego? Esbocé un plan y reuní una lista de nombres. Mi proyecto consistía en corromper a Hadleyburg la incorruptible. Mi intención era convertir en mentirosos y ladrones a cerca del medio centenar de hombres y mujeres intachables, que jamás profirieran una mentira ni rogaran un penique en su vida. Temí a Goodson. Éste no había nacido en Hadleyhurg ni se había criado en esa ciudad. 'temí que, si empezaba a ejecutar mi plan exponiendo mi carta ante ustedes, se diría: Goodson es el único de nosotros que hubiera sido capaz de darle veinte dólares a un pobre diablo» y que, entonces, no habrían mordido mi cebo. Pero el cielo se lleve a Goodson, entonces comprendí que yo estaba a salvo y eché mi caña y puse el cebo. Quizá no atrapara a todos los hombres a quienes envié por correo el presunto secreto, pero atraparía a la mayoría de ellos, si conocía el temperamento de Hadleyburg. [VOCES: «Es exacto. Los atrapó a todos.»). Estoy convencido de que, por miedo de perderlo, llegaríais a robar hasta lo que es con toda evidencia .dinero de juego», vosotros, pobres víctimas de una educación equivocada y de la tentación. Confío en aplastar para siempre vuestra vanidad y en darle a Hadleyburg una nueva reputación, esta vez duradera, y que llegará lejos. -Si he obtenido éxito, abran c talego y convoquen a la comisión para la propagación y salvaguarda de la reputación de Hadleyburg».