Narrativa breve
Narrativa breve Edward estaba desfallecido, esto es, sentado y sumido en silencio; con la conciencia no muy tranquila, pero abrumado por las circunstancias.
Mientras tanto, un forastero, con aire de detective aficionado, vestido como un inverosímil conde inglés, había estado observando el desarrollo de la velada con manifiesto interés y expresión de júbilo, comentando el asunto consigo mismo. Su soliloquio.
Se desarrollaba ahora, más o menos, así: «Ninguno de los dieciocho formula una oferta, y esto no está bien. Hay que cambiarlo; lo impone la unidad dramática. Esa gente tiene que comprar el talego que intentara robar, y tiene que pagar por él un precio muy alto. Algunos de ellos son ricos. Y otra cosa: cuando yo cometo un error, en relación con la naturaleza de Hadleyburg, el hombre que me ha hecho caer en ese error tiene derecho a una alta remuneración, y alguien tiene que pagarla. Ese pobre viejo Richards ha puesto en ridículo mis capacidades de discernimiento: es un hombre honrado. No lo entiendo, pero lo reconozco. -Sí: ha visto mi póquer con una escalera, y el plato le corresponde por derecho. -¡Y será un plato abundante, si funciona mi sistema! Me ha 'decepcionado, pero no importa.