Narrativa breve
Narrativa breve -¡Dámelos, si tú no puedes hacerlo!
Richards le arrancó los cheques a su esposa y trató de que su presión no se debilitara hasta llegar a la estufa; pero era un ser humano, era cajero, y se detuvo un momento para asegurarse de la firma. Entonces, le faltó poco para desmayarse.
-¡AbanÃcame, Mary!
-¡AbanÃcame!
-¡Estos cheques valen oro!
-¡Oh, qué hermoso, Edward!
-¿Por qué?
-La firma es de Harkness.
-¿Qué misterio habrá debajo?
-¿Tú crees, Edward?
-Mira esto… -¡Mira! Mil quinientos… mil quinientos… mil quinientos… y treinta y cuatro mil.
-¡Treinta y ocho mil quinientos dólares, Mary. El talego no vale doce dólares y Harkness… aparentemente… ha pagado un precio a la par.. .
-¿Y crees que todo eso va a parar a nuestras manos… en vez de los diez mil dólares?
-Asà parece. Y los cheques, además, están extendidos al portador.
-¿Conviene eso, Edward? -¿Para qué sirve?
Es una insinuación para cobrarlos en algún banco lejano, supongo. Quizá Harkness no quiere que se sepa el asunto.