Narrativa breve
Narrativa breve Le hice notar que el estricto secreto con que empezáramos había sido estropeado por los periódicos y que no sólo se habían revelado todos nuestras planes y propósitos, sino que hasta se había publicado el nombre de todas las personas sospechosas, éstas, sin duda, se disfrazarían ahora o se ocultarían.
-Déjelas usted- me dijo Blunt-. Ya verán que, cuando yo esté listo, mi mano caerá sobre ellas, en sus escondites, infalible como la mano del destino. En cuanto a los periódicos, tenemos que complacerlos. La fama, la reputación, la constante mención pública; todo esto es el pan y la manteca del detective. Éste debe publicar sus hechos, de lo contrario se podría creer que no los tiene; debe publicar su teoría, ya que nada es más extraño o impresionante que la teoría de un detective o le vale más asombrado respeto. Debemos publicar nuestros planes, porque los periódicos quieren saberlos y no podemos negarnos sin ofenderlos. Debemos mostrarle constantemente al público qué estamos haciendo, o creerá que no hacemos nada. Es mucho más agradable que un diario diga: “La ingeniosa y excepcional teoría del inspector Blunt es la siguiente”, que verle escribir alguna cosa áspera, o, lo que es peor, algo sarcástico.
-Comprendo la fuerza de su argumentación. Pero he advertido que, en una parte de sus declaraciones periodísticas de esta mañana, usted se negó a revelar su opinión sobre un punto de poca importancia.