Narrativa breve
Narrativa breve Pero había un hombre que se movía con calma, sin darse por afectado ni rozado por las pullas. Era aquel ser de corazón de roble que se llamaba el inspector Blunt. Su valiente ojo nunca cedía en su vigilancia, su serena confianza jamás flaqueaba. Siempre decía:
-Que sigan con sus burlas; el que ríe último, ríe mejor.
Mi admiración por aquel hombre se convirtió en algo similar a la adoración. Yo estaba siempre a su lado. Su oficina se había convertido para mí en un sitio desagradable, y esta sensación aumentaba cada día. Con todo, si él podía soportarlo, yo me proponía hacer lo mismo; al menos, mientras fuera posible. De manera que iba con regularidad y me quedaba; era el único extraño que parecía con fuerzas para hacerlo. Todos se asombraban de que yo pudiese hacerlo, y con frecuencia, me parecía que debía marcharme, pero en esas oportunidades observaba aquel rostro sereno y aparentemente inconsciente, y me mantenía firme.
Unas tres semanas después de la desaparición del elefante, a punto de manifestar que me veía obligado a arriar mi bandera y retirarme, el gran detective contrarrestó este pensamiento proponiendo una jugada más soberbia y magistral.