Narrativa breve
Narrativa breve Pero volvamos a la visita de Scotty al predicador. El semblante de Scotty reflejaba profunda tristeza, a tono con las circunstancias de su fúnebre encargo. Sin más ceremonia, tomó asiento frente al reverendo, depositó su casco de bombero bajo las narices del párroco, precisamente encima del borrador de un sermón que éste estaba concluyendo de escribir, se secó el sudor de la frente con un enorme pañuelo de roja seda y lanzó un profundo suspiro a guisa de introducción apropiada al triste asunto que se le había encomendado. Se atragantó y los ojos se le humedecieron; sin embargo, se dominó con un poderoso esfuerzo de voluntad y dijo con una voz verdaderamente sepulcral:
—¿Es usted el tipo que maneja el terno evangélico?
—¿Que si yo…? Usted perdone… Temo no haberle entendido.
Scotty dejó escapar un doloroso sollozo y otro suspiro aún más profundo que el primero.
—Mire —dijo—. Nos encontramos en un apuro, y los muchachos piensan que puede aliviarnos cargar con usted. Es decir, en el caso de que yo apunte bien y esté hablando con el patrón del taller de aleluyas.
—Yo soy el pastor que tiene a su cuidado el rebaño cuyo redil está en la casa de al lado.
—¿El qué?
—El consejero espiritual de una pequeña comunidad de creyentes cuyo santuario está tocando a mi domicilio.