Narrativa breve
Narrativa breve El párroco se reclinó sobre el respaldo de su silla completamente anonadado, y Scotty apoyó la cabeza en la mano con aire meditativo; sin embargo, pronto levantó de nuevo los ojos y dijo con aire desolado pero lleno de confianza:
—Ahora ya sé cómo vendérselo. Lo que necesitamos es un buen fabricante de sermones, ¿comprende?
—¿Un qué?
—Un fabricante de sermones. Un párroco.
—¿Por qué no me lo ha dicho desde el principio? Yo soy el eclesiástico… el párroco.
—¡Bravo, esto sí que es hablar bien! Me ve perdido en el túnel y se descuelga como un hombre. ¡Chóquela!
Tendió su poderosa mano por encima de la mesa y estrujó la débil y delicada del predicador con cordial y efusivo apretón.
—Ahora ya seguimos buen rumbo, socio —prosiguió—. Vamos a empezar otra vez y si desbarro algo no haga caso, porque estamos pasando un gran disgusto; verá, uno de los muchachos se ha ido al pozo.
—¿Se ha ido adónde?
—Al pozo; que ha tirado la esponja, ¿comprende?
—¿Tirado la esponja?
—Si, volcado el cubo .