Narrativa breve
Narrativa breve Las estrellas también son buenas. Me gustaría tener algunas para ponérmelas en el pelo. Pero supongo que nunca podré. Les sorprendería saber lo lejos que están, porque no lo parecen. Cuando aparecieron por primera vez, anoche, traté de bajar algunas con una pértiga, pero no llegué, lo que me asombró; después probé con terrones hasta que me cansé, pero no llegué a conseguir ni una. Era porque soy zurda y no puedo apuntar bien. Incluso cuando apuntaba a la que no quería, no podía pegarle a la otra, aunque a veces casi lo logré, porque vi la mancha negra de mi terrón pasar justo en medio de los racimos dorados cuarenta o cincuenta veces, apenas errándoles y si hubiera podido extenderme un poco más tal vez podría haber conseguido una.
Así que lloré un poco, lo cual es natural, supongo, para alguien de mi edad y después de descansar tomé una cesta y partí hacia un sitio en el borde extremo del círculo, donde las estrellas estaban cerca del suelo y podía recogerlas con las manos, lo que sería mejor, en todo caso, porque podría recogerlas entonces con ternura y no romperlas. Pero era más lejos de lo que pensaba y al fin tuve que abandonar; estaba tan cansada que no podía arrastrar los pies un paso más; y además los tenía lastimados y me dolían mucho.