Narrativa breve
Narrativa breve Trabajé otra vez; y cuando había hecho una buena cantidad de polvo fuego, lo vacié sobre un puñado de hierba marrón, seca, pensando en llevarlo a casa y guardarlo siempre y jugar con él; pero le dio el viento y se dispersó y se escupió hacia mí fieramente y lo dejé caer y corrí. Cuando miré hacia atrás, el espíritu azul crecía y se estiraba y giraba como una nube y pensé al instante el nombre para él: ¡humo!, aunque, lo juro, nunca antes había oído hablar del fuego.
Pronto resplandores amarillos y rojos brillantes se dispararon a través del humo y los nombré en un instante —llamas—y también acerté, aunque éstas eran las primerísimas llamas que había visto el mundo. Treparon a los árboles, refulgieron espléndidas entrando y saliendo en el volumen enorme y creciente del humo tropezante, ¡y tuve que aplaudir, y reír y bailar en mi embeleso, porque era tan nuevo y tan extraño y tan maravilloso y tan bello!
Él llegó corriendo y se detuvo y miró y durante muchos minutos no dijo una palabra. Después me preguntó qué era. Ah, fue muy malo que hiciera una pregunta tan directa. Tenía que contestarla, desde luego, y lo hice. Dije que era fuego. Si le molestó que yo lo supiera y él tuviera que contestar, no fue culpa mía; no deseaba irritarlo. Después de una pausa preguntó:
—¿Cómo llegó?