Narrativa breve
Narrativa breve A la postre, abandonó toda esperanza y se resignó a la amarga convicción de que Hugh Gregory era culpable. Su madre compartía con ella esa misma convicción. Por tanto, el nombre de Hugh Gregory no volvió a mencionarse en aquella casa. Aun así, Mary descubrió que el asesinato no podía matar el amor. Continuaba enamorada de Hugh Gregory; era un amor que no decaería. Pero nunca podría casarse con él, se decía Mary. Tomaría las cosas tal como vinieran, se decía. Ya no le importaba qué pudiera depararle el destino.
Con el paso de las semanas, aprendió a sentirse a gusto con el conde, porque encontraba mayor alivio a las tribulaciones en su compañía que en la de cualquier otra persona.
Nos llevaría mucho tiempo contar en detalle los ruegos, súplicas y cavilaciones que al final minaron la resistencia de Mary Gray y la impulsaron a consentir en casarse con el conde de Fontainebleau. La fortuna que había pasado a manos de Mary —y por tanto de toda la familia— tras la muerte de su tío no hizo más que avivar el deseo de su padre de mejorar su posición y codearse con la aristocracia extranjera. Un día se planteó la necesidad de fijar una fecha para la boda. Con hastío, Mary dijo:
—Decididla vosotros. A mí me trae sin cuidado. Me basta con que me dejéis un poco de tiempo para descansar.