Narrativa breve
Narrativa breve Le podían dar de dos a trescientos metros de ventaja; igual se la alcanzaba pronto. Pero al final de la carrera, se animaba increíblemente, y se ponía a trotar y a galopar, impulsando sus patas hacia todas partes, por el aire o sobre las barreras, levantando una polvareda tremenda, y haciendo un ruido terrible con su tos, y siempre llegaba primera, exactamente por una cabeza.
Tenía también un bulldog pequeño, que parecía no valer ni dos centavos, por su aspecto vulgar y poco agresivo, tanto que al apostar contra él uno temía quedar como un ladrón. Pero cuando el dinero estaba apostado, se convertía en otro perro.
Su mandíbula inferior comenzaba a resaltar como la torre de un barco a vapor, y se descubrían sus dientes, brillantes como una hoguera. Otro perro podía correrlo, provocarlo, morderlo, arrojarlo sobre su espalda
dos o tres veces. Andrés Jackson — este era su apodo— se dejaba hacer, siempre con el aspecto de un perro al que le parece totalmente natural lo que le hacen.
Se doblaban las apuestas, se triplicaban, contra él, hasta que no hubiese más dinero que apostar; entonces, de repente, atrapaba con fuerza al otro perro exactamente en las articulaciones de las patas traseras, sin hincar demasiado los dientes, lo suficiente para cuidar su presa, y mantenerse así tanto tiempo que si no se arrojaba la esponja, hubiera seguido un año.