Narrativa breve
Narrativa breve El individuo tomó la jaulita, puso sus cuarenta dólares junto a los de Smiley y se sentó a esperar que este regresara.
Allí estuvo un buen tiempo, pensando y pensando. Luego, sacó la rana de la jaula, le abrió la boca todo lo que pudo, y tomó una cuchara de té. Y acto seguido se dedicó a llenar la rana con pequeños trozos de plomo, llenándola hasta el mentón; luego, la colocó sobre el suelo, delicadamente.
Durante ese tiempo, Smiley, que había ido a la charca, chapoteaba en el barro. Al fin, atrapó una rana, la llevó y se la dio al individuo, diciendo: "Ahora, si ya está listo, póngala al lado de Daniel, con las patas de adelante al nivel de las de Daniel, y yo daré la señal".
Entonces dijo: "Uno, dos, tres, ¡a sal tar!". Y Smiley y el individuo tocaron cada uno a su rana por detrás la nueva rana saltó con viveza; Daniel, hizo un esfuerzo y se encogió de hombros de este modo —como un francés—, pero fue en vano.
No podía moverse, estaba clavada en tierra tan sólidamente como una iglesia. No podía avanzar, como si estuviese anclada. Smiley estaba terriblemente sorprendido, y hasta enojado, pero no podía sospechar lo que pasaba. ¡Seguro que no!