Narrativa breve
Narrativa breve Avisamos una vez más al técnico, que en esta ocasión nos sorprendió con una idea deslumbrante: arregló el aparato de suerte que al abrirse la puerta de la cocina quedase cortada la alarma. Era una idea de alto copete, y nos la hizo pagar en consonancia. Pero ya habrá previsto usted el resultado. Yo conectaba la alarma todas las noches a la hora de acostarnos, perdida la confianza en la frágil memoria de Thomas; y en cuanto se apagaban las luces entraban los ladrones por la puerta de la cocina, desconectando de este modo la alarma sin necesidad de esperar a que la cocinera lo hiciese por la mañana. Comprenderá usted lo delicado de nuestra situación. En muchos meses no pudimos tener huéspedes. No había en la casa ni una sola cama libre, ya que todas estaban ocupadas por los ladrones.
Al fin hallé por mi cuenta una solución. El experto, acudiendo a nuestra llamada, tendió otro alambre subterráneo hasta la caballeriza, e instaló allí un interruptor, de forma que el cochero pudiera conectar y desconectar la alarma. La cosa dio resultado al principio, y siguió una era de paz durante la cual nos fue posible volver a invitar a nuestros amigos y gozar de la vida.