Narrativa breve
Narrativa breve El técnico acudió a nuestra llamada de costumbre y explicó que se trataba de una «falsa alarma». Dijo que era muy fácil de arreglar. De modo que repasó la ventana del cuarto de los niños, nos exigió por ello una cifra remunerativa, y se marchó.
Lo que sufrimos a causa de las falsas alarmas durante los tres años siguientes no hay pluma estilográfica capaz de describirlo. En los tres meses que siguieron no sé cuántas veces tuve que salir corriendo con mi escopeta a la habitación indicada, y el cochero acudÃa presuroso con su artillerÃa para ayudarme. Pero nunca tuvimos oportunidad de disparar contra nada; todas las ventanas estaban perfectamente cerradas. Al dÃa siguiente mandábamos llamar al técnico, quien arreglaba las ventanas culpables de la falsa alarma para que nos dejaran tranquilos una semana o asà y jamás olvidaba mandarnos una factura que rezaba más o menos:
Alambre $2,15
Tubo de unión 0,75
Dos horas de trabajo 1,50
Cera 0,47
Cinta aislante 0,34
Tornillos 0,15
Carga de baterÃa 0,98
Tres horas de trabajo 2,25
Cuerda 0,02