Narrativa breve
Narrativa breve Me dormà profundamente, pero no se por cuanto tiempo. De repente, me desperté, estremecido. Todo estaba en calma. Todo, a excepción de mi corazón - podÃa escuchar mi propio latido. En ese momento las frazadas y colchas comenzaron a deslizarse lentamente hacia los pies de la cama, ¡cómo si alguien estuviera jalándolas! No podÃa moverme, no podÃa hablar. Los cobertores se habÃan deslizado hasta que mi pecho quedó al descubierto. Entonces, con un gran esfuerzo los aferré y los subà nuevamente hasta mi cabeza. Esperé, escuché, esperé. Una vez más comenzó el firme jalón. Al final arrebaté los cobertores nuevamente a su lugar, y los asà con fuerza. Esperé. Luego sentà nuevos tirones, y la cosa renovó sus fuerzas. El tirón se afianzó con firme tensión - a cada momento se hacÃa más fuerte. Mi fuerza cesó, y por tercera vez las frazadas se alejaron. GemÃ. ¡Y un gemido de respuesta vino desde los pies de la cama! Gruesas gotas de sudor comenzaron a poblar mis sienes. Estaba más muerto que vivo. Escuché unos fuertes pasos en el cuarto - como si fuera el paso de un elefante, eso me pareció - y no era nada humano. Pero era como si se alejara de mÃ. Lo escuché aproximándose a la puerta, traspasándola sin mover cerrojo o cerradura, y deambular por los tétricos pasillos, tensando el piso de madera y haciendo crujir las vigas a su paso. Luego de eso, el silencio reinó una vez más.