Narrativa breve
Narrativa breve —Caballeros, en otra época tuve un gato que respondÃa al nombre de Tomás Cuarzo y que, creo yo, les habrÃa interesado… porque casi todo el mundo lo encontraba interesante. Ocho años lo tuve conmigo, y era el gato más extraordinario que he visto en mi vida. Era un gatazo gris con más sentido común que cualquier hombre de este campamento; y con tanta dignidad y poderÃo que ni al mismÃsimo gobernador de California le hubiera permitido tomarse confianzas con él. En su vida atrapó una sola rata, no señor, no se dignaba hacer esas cosas. Nunca demostró interés por nada que no fuera la minerÃa. SabÃa más de minerÃa, ese gato, que cualquier hombre de cuantos he conocido. No le podÃas explicar nada que no supiera sobre lavaderos de oro, y en cuanto a la explotación de bolsas, bueno, era como si hubiera nacido para dedicarse a ello. Se ponÃa a escarbar con Jim y conmigo cuando salÃamos a hacer prospecciones por los montes, y si nos alejábamos ocho kilómetros, ocho kilómetros venÃa trotando detrás de nosotros. Además tenÃa un ojo clÃnico para los terrenos de laboreo, era algo nunca visto. Cuando nos ponÃamos a trabajar, echaba una ojeada a su alrededor y, si los indicios no le daban buena espina, nos miraba como diciendo: «Bueno, ustedes sabrán disculparme», y sin una palabra más levantaba la nariz y echaba a andar hacia casa. Pero si el terreno escogido le parecÃa bien, se tumbaba y no rechistaba hasta que lavábamos la primera batea, y entonces se acercaba a echar un vistazo, y si habÃa allà seis o siete pepitas de oro, se daba por satisfecho... no aspiraba a una prospección mejor que aquélla; luego se tumbaba sobre nuestros abrigos y se ponÃa a roncar como un barco de vapor hasta que dábamos con la bolsa; entonces se levantaba para dirigirnos. Eso sà que no le daba ninguna pereza.