Narrativa breve
Narrativa breve Al restablecerse el silencio, se reanudó la lectura, oyéndose lo siguiente:
«Váyase y refórmese, o, recuerde mis palabras, un día, por sus pecados, morirá e irá al infierno o a Hadleyburg… PROCURE ACABAR EN EL INFIERNO»
Hubo un silencio espantoso. Primero, sobre los rostros de los ciudadanos comenzó a cernirse una nube de enojo; tras una pausa, la nube empezó a disiparse y una expresión divertida trató de ocupar su sitio y lo intentó con tal esfuerzo, que sólo pudo evitarse con grande y penosa dificultad. Los reporteros, los nativos de Brixton y demás forasteros abatieron sus cabezas y protegieron sus rostros con las manos y lograron contenerse con mucho esfuerzo y heroica cortesía. En ese inoportuno momento estalló en medio del silencio el bramido de una voz solitaria, la de Jack Halliday:
-¡Esto sí que es un buen consejo!
Entonces los presentes, incluso los forasteros, cedieron. Hasta la gravedad del señor Burgess se desmoronó en el acto y el público se consideró oficialmente libre de toda contención y usó su privilegio al máximo. Fue una buena y prolongada tanda de riquezas y de risas tempestuosamente sinceras, pero que por fin cesó, durando lo bastante para que el señor Burgess intentara reanudar su discurso y para que la agente se secara parcialmente los ojos. Luego Burgess patio proferir estas graves palabras: Es inútil que tratemos de disimular el hecho.