Principe y mendigo
Principe y mendigo El aliento se le aceleraba y entrecortaba de entusiasmo, y se le agrandaban los ojos de pasmo y deleite.
Todo en su mente abrió paso al instante a un deseo, el de acercarse al prÃncipe y echarle una mirada larga y devoradora. Antes de darse cuenta ya estaba con la cara pegada a las barras de la verja. Al momento, uno de los soldados lo arrancó violentamente de allà y lo mandó dando vueltas contra la muchedumbre de campesinos boquiabiertos y de londinenses ociosos. El soldado dijo:
—¡Cuidado con los modales, tú, pordioserillo!
La multitud se burló y rompió en carcajadas; mas el joven prÃncipe saltó hacia la verja, con el rostro encendido, sus ojos fulgurando de indignación, y exclamó:
—¡Cómo osas tratar asà a un pobre chico! ¡Cómo osas tratar asà aun al más humilde vasallo del rey mi padre! ¡Abre las verjas y déjale entrar!
DeberÃais de haber visto entonces a aquella veleidosa muchedumbre arrancarse el sombrero de la cabeza. La deberÃais de haber oÃdo aplaudir y gritar: «¡Viva el PrÃncipe de Gales!».