Principe y mendigo
Principe y mendigo —SÃ, pero es cosa ligera, y Vuestra Merced sabe muy bien que el pobre soldado…
—¡Silencio! Ha sido algo vergonzoso y cruel —exclamó el pequeño prÃncipe golpeando con su pie desnudo—. Si el rey… ¡No des un paso hasta que yo vuelva! ¡Es una orden!
En un instante agarró y guardó un objeto de importancia nacional que estaba sobre la mesa, y atravesó la puerta, volando por los jardines del palacio, con sus andrajos tremolando, con el rostro encendido y los ojos fulgurantes: Tan pronto llegó a la verja, asió los barrotes e intentó sacudirlos gritando:
—¡Abrid! ¡Desatrancad las verjas!
El soldado que habÃa maltratado a Tom obedeció prontamente; cuando el prÃncipe se precipitó a través de la puerta, medio sofocado de regia ira, el soldado le asestó una sonora bofetada en la oreja, que lo mandó rodando al camino.
—Toma eso —le dijo—, tú, pordiosero, por lo que me ganaste de Su Alteza.
La turba rugió de risa. El prÃncipe se levanto del lodo y se abalanzó al centinela, gritando:
—Soy el PrÃncipe de Gales, mi persona es sagrada. Serás colgado por poner tu mano sobre mÃ.
El soldado presentó armas con la alabarda y dijo burlonamente: