Principe y mendigo
Principe y mendigo —¡Pobre niño! —Suspiró Hendon—. Estos terribles acontecimientos han hecho que se recrudezca su locura: ¡Ay! A no ser por ese desdichado suceso, se habrÃa puesto bueno en poco tiempo.
Entre los presos habÃa un hombre de leyes, viejo, de rostro severo e intrépido. Tres años atrás habÃa escrito un libelo contra el lord canciller, acusándole de prevaricación, y por él le habÃan castigado con la pérdida de ambas orejas en la picota, y degradación del foro, y además multa de tres mil libras. Más tarde reincidió en el mismo delito, y por ello estaba ahora condenado a perder lo que le quedaba de las orejas, a pagar una multa de cinco mil libras, a ser marcado por el hierro en ambas mejillas, y a permanecer para siempre en las cárceles.
Estas son cicatrices honrosas le dijo, apartando el pelo cano y mostrándole los mutilados restos de lo que habÃan sido sus orejas.
Los ojos del rey ardieron de cólera.
—Nadie cree en mà —dijo—, ni tú creerás tampoco; pero no me importa. Dentro del término de un mes estarás libre. Las leyes que te han deshonrado y han deshonrado el nombre de Inglaterra desaparecerán del libro de los Estatutos. El mundo está mal constituido. Los reyes tienen que ir a la escuela de sus propias leyes para adquirir el sentimiento de la caridad[12].