Principe y mendigo
Principe y mendigo Tom Canty vivió hasta edad muy avanzada, un apuesto viejo, de pelo blanco, de grave y benévolo aspecto. Mientras vivió, se le rindieron honores; también fue reverenciado, porque su singular y sorprendente traje recordaba a las gentes que «en su tiempo había sido rey»; y así, doquiera que se presentaba, la gente se apartaba para abrirle paso, susurrando unos a otros: «Quitaos el sombrero; es el “Protegido del Rey”», y así saludaban, y obtenían a cambio una amable sonrisa, y la valoraban, también, porque la suya era una honorable historia.
Sí; el rey Eduardo VI vivió pocos años, pobre niño, pero los vivió dignamente. Más de una vez, cuando algún gran dignatario, algún importante vasallo de la corona, argumentaba en contra de su lenidad, y alegaba que alguna ley que se proponía enmendar era lo bastante benigna para su objeto y no ocasionaba sufrimiento u opresión de gran importancia a nadie, el joven rey volvía hacia él la triste elocuencia de sus ojos espléndidamente compasivos y respondía:
—¿Qué sabes tú de sufrimiento y opresión? Yo y mi pueblo sabemos; pero tú no.
El reinado de Eduardo VI fue singularmente misericordioso para aquellos duros tiempos. Ahora que nos despedimos de él, tratemos de conservar esto en la memoria, en su honor[14].