Principe y mendigo
Principe y mendigo En este punto anunciaron a lady Isabel y a lady Juana Grey. Ambos lores se cruzaron significativas miradas, y Hertford se dirigió velozmente hacia la puerta. Cuando las doncellas pasaron por delante de él dijo en voz baja:
—Os ruego, señoras, que no deis muestras de observar sus rarezas ni mostréis sorpresa cuando le falte la memoria; os dolerá notar cómo se turba con cualquier fruslerÃa.
Entretanto lord St. John estaba diciendo al oÃdo de Tom:
—SuplÃcote, señor, que conserves constantemente en la memoria el deseo de Su Majestad. Recuerda cuanto puedas y finge recordar todo lo demás. Que no se percaten de cómo has cambiado tu modo normal anterior, pues sabes cuán tiernamente te tienen en su corazón tus antiguas compañeras de juegos y cuánto pesar habrÃas de causarles. ¿Quieres, señor, que me quede yo, y tu tÃo también?
Expresó Tom su asentimiento con un ademán y murmurando una palabra, porque iba aprendiendo ya, y su ingenuo corazón estaba resuelto a salir lo más airoso que pudiera, conforme al mandato del rey.