Tom Sawyer detective
Tom Sawyer detective TUVIMOS una buena suerte descomunal, porque se nos presentó la oportunidad a bordo de un vapor de ruedas que venÃa del Norte con destino a uno de los pantanos o rÃos de mala muerte camino de Louisiana, asà que pudimos bajar todo el trayecto del alto Misisipi, y luego todo el camino del bajo Misisipi, hasta la granja de Arkansaw, sin tener que cambiar de vapor en St. Louis: poco nos faltó para recorrer unos mil seiscientos kilómetros de un solo tirón.
Un barco bastante solitario; no habÃa más que unos pocos pasajeros, todos viejos amigos, que se sentaban reunidos, a mucha distancia, dando cabezadas y muy silenciosos. Tardamos cuatro dÃas en salir del «alto rÃo», porque encallábamos demasiado. Pero no fue nada aburrido. Por supuesto no podÃa serlo para unos muchachos que estaban de viaje.
Desde el primer momento, Tom y yo nos dimos cuenta de que habÃa alguien enfermo en el camarote contiguo al nuestro, porque los camareros siempre llevaban allà dentro las comidas. De cuando en cuando preguntábamos por aquello —Tom lo hacÃa— y el camarero decÃa que se trataba de un hombre, pero que no parecÃa enfermo.
—Bueno, pero ¿no está enfermo?
—No lo sé; puede que sÃ, pero a mà me parece que sólo está fingiendo.
—¿Qué te hace pensar eso?
