Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Jim soporta un asedio
LAS comidas siguientes fueron pocas y estaban llenas de arena, pero eso no significa nada cuando estás hambriento, pues cuando no lo estás, no hay satisfacción alguna en comer; de cualquier manera, un poco de arenilla en la carne no es ningún engorro en particular, que yo sepa.
Por fin alcanzamos el lÃmite Este del Desierto, navegando hacia el Nordeste. Más allá del lÃmite de la arena, pudimos distinguir tres pequeños techos como si fueran tiendas de campaña, bañados por una suave luz rosa. Entonces Tom dijo:
—Son las Pirámides de Egipto.
Aquello hizo que mi corazón diera un salto de alegrÃa. Veréis, yo habÃa visto muchas pinturas de las Pirámides, las habÃa oÃdo nombrar cientos de veces, pero toparnos con ellas asÃ, de repente, y darme cuenta de que eran algo real y no puras imaginaciones, casi me deja sin respiración por la sorpresa. Hay un hecho que resulta curioso: cuanto más oyes hablar de una cosa o de una persona magnÃfica y grandiosa, más etérea se te vuelve, podrÃamos decir, tornándose en una gran figura tenue y temblorosa, sin nada de solidez, hecha de luz de luna. Eso es lo que sucede con George Washington y las Pirámides.
