Tom Sawyer en el extranjero

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Era un globo grande y magnífico, tenía alas, ventiladores y toda clase de cosas. No era como esos globos que aparecían en los cuadros. Se hallaba situado lejos, en el límite del pueblo, en un solar que había en una esquina vacía de la calle doce. Había también una gran multitud a su alrededor, burlándose del globo, ya sabéis, diciendo que no podría elevarse, y del hombre que lo llevaba, un individuo delgado, pálido, con una suave luz de luna en los ojos. Aquello hacía que el hombre se enfureciese, se volvía hacia ellos, levantándoles el puño y los llamaba animales y ciegos. Les decía que algún día se darían cuenta de que habían estado, cara a cara, con uno de los hombres que alza naciones y construye civilizaciones, que ahora eran muy torpes para verlo, y que precisamente allí, en aquel mismo sitio, sus propios hijos y nietos le erigirían un monumento que duraría mil años, pero su fama lo superaría; y entonces la multitud rompía a reír de nuevo y comenzaba a chillarle y a preguntarle cómo se llamaba antes de casarse y qué le llevó a no estarlo más, cómo se llamaba el gato de la hermana de su abuela, y cosas así, todo eso que la muchedumbre puede decir cuando encuentra a alguien a quien acosar. Bueno, las cosas que le decían eran divertidas, sí, y también muy ingeniosas, no voy a negarlo, pero, con todo, no me parecía justo ni valeroso que toda esta gente, con mucha labia, se ensañara de forma tan mordaz con uno solo, y éste sin ningún talento para replicarles. ¡Pero, santo cielo! ¿Para qué querría él contestarles con tanto descaro? Se veía que no podía reportarle ningún beneficio, pues el resto de la gente consideraba que estaba chiflado. Él estaba en sus manos, ¿sabéis? Pero era su forma de ser, creo que no podía evitarlo; estaba hecho así, me parece a mí. Era una especie de creador, no había ningún mal en él, era precisamente un genio, según contaban los periódicos, lo cual no era culpa suya: no todos podemos estar cuerdos, tenemos que ser lo que somos. Por lo poco que sé, lo genios creen que lo saben todo, de manera que no hacen caso de los consejos de la gente, sino que van a su aire, lo cual consigue que les demás los abandonen y los desprecien, y eso es algo perfectamente natural. Si fuesen más humildes y escucharan e intentasen aprender, sería mejor para ellos.


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