Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Bajamos a tierra cuando todavÃa estábamos a nueve metros del suelo. Esto es, si se puede llamar tierra a la arena, ya que esto no era más que pura arena. Tom y yo descendimos por la escala, y nos dimos una carrera para estirar las piernas, y nos sentimos asombrosamente bien. Bueno, en realidad, fue bueno tan sólo para estirar las piernas, ya que la arena nos abrasaba los pies como si fuesen ascuas ardiendo. Entonces vimos que alguien se acercaba y fuimos corriendo a verle; pero oÃmos que Jim chillaba, y nos dimos la vuelta: estaba allà casi danzando, haciendo señas y pegando alaridos. No podÃamos descifrar qué era lo que intentaba decirnos, pero estábamos asustados de todos modos, y comenzamos a correr hacia el globo. Cuando estuvimos lo suficientemente cerca, entendimos sus palabras, y casi me pusieron enfermo:
—¡Corré! ¡Corré, por lo que más querái! ¡Ej un león, puedo verle con lo primático! ¡Salà pitando lo má rápido que podái, se ha escapao de una colesió de animale salvaje, no hay quien lo pare!
—¡Corré! ¡Corré, por lo que más querái! ¡Ej un león!
Aquello hizo que Tom saliera volando, y a mà me quitó en seguida todo el entumecimiento de las piernas. Tan sólo podÃa jadear durante todo el camino de regreso, como cuando le persigue a uno un fantasma en sueños.