Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero —Los relojes. Son cronómetros. Uno siempre lee acerca de ellos en los relatos sobre travesías en el mar. Uno de ellos mantiene la hora de Greenwich, el otro la de St. Louis, como mi reloj. Cuando dejamos St. Louis, eran las cuatro de la tarde en mi reloj, y también en éste, pero eran las diez de la noche en el reloj de Greenwich. Pues bien, en esta época del año, el sol se pone alrededor de las siete. Cuando me fijé en la hora ayer por la tarde al ponerse el sol, eran las cinco y media según el reloj de Greenwich, y las once y media de la mañana por mi reloj y el de St. Louis. Veréis, el sol se apagó, y según mi reloj el de Greenwich iba con seis horas de adelanto; pero hemos volado tan hacia el Este, que dentro de apenas una hora y media, se pondrá el sol según el reloj de Greenwich. Ahora bien, yo tengo una diferencia de… más de cuatro horas y media. ¿Veis? Eso significa que nos estamos acercando mucho a la longitud de Irlanda, y habríamos llegado allí de haber mantenido el rumbo…, pero no lo hicimos. No, señor. Hemos estado dando vueltas…, dando vueltas hacia el sudeste y, en mi opinión, estamos en África. Mirad este mapa. ¿Veis cómo el hombro de África apunta hacia el Oeste? Imaginaos lo rápido que hemos viajado; si hubiésemos seguido hacia el Este, a estas alturas haría rato que habríamos pasado Inglaterra. Esperaremos hasta el medio día, nos pondremos de pie, y cuando no veamos nuestra sombra, nos daremos cuenta de que el reloj de Greenwich estará a punto de marcar las doce. Sí, señor, creo que estamos en África. ¡Y eso es genial!