Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Tom respeta a la pulga
—¡MEDIODÍA! —gritó Tom.
Y asĂ era. Su sombra era tan sĂłlo una mancha alrededor de sus pies. Echamos un vistazo al reloj de Greenwich, y comprobamos que la diferencia que aĂşn faltaba para que fueran las doce exactamente apenas era significativa. AsĂ que Tom dijo que Londres se encontraba exactamente al norte de nosotros, o bien al sur. En uno de los dos sitios, y tambiĂ©n le parecĂa que, por el clima, la arena y los camellos, Londres se encontraba al Norte; y a bastantes kilĂłmetros incluso; tantos, creĂa Ă©l, como los que habĂa desde la ciudad de Nueva York hasta MĂ©xico.
A Jim le parecĂa que un globo era la cosa más rápida del mundo, a excepciĂłn tal vez de algunas especies de pájaros…, un palomo salvaje, o quizá el tren.
Pero Tom dijo que Ă©l habĂa leĂdo acerca de ferrocarriles en Inglaterra que rozaban los ciento sesenta kilĂłmetros por hora como poco, y que no habĂa un solo pájaro capaz de hacer lo mismo…, excepto uno, y Ă©se era la pulga.
—¿Una pulga? ¡Vaya, amo Tom! En primé lugá, eso no ej un pájaro, estrictamente hablando…
—¿Asà que no es un pájaro? Bueno, entonces ¿qué es?
