Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo -No es un clérigo y, sin embargo, puede leer -contesté-. Y también escribir. Yo mismo le enseñé -el hombre comenzaba a tranquilizarse-. Y es la primera cosa que te van a enseñar a ti en esa fábrica.
-¿A mÃ? DarÃa la sangre de mi corazón a cambio de conocer ese arte. Más aún: seré vuestro esclavo, vuestro...
-No, no lo serás. No serás esclavo de nadie. Reúne a tu familia y ponte en camino. Tu señor obispo confiscará tus escasas propiedades, pero no te preocupes; Clarence se ocupará de ti como es debido.