Un yanqui en la corte del rey Arturo

Un yanqui en la corte del rey Arturo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Pagué tres peniques por mi desayuno, desde luego una suma exorbitante si se tiene en cuenta que con ese dinero hubiese podido desayunar una docena de personas, pero en ese momento me encontraba de muy buen humor, y de cualquier modo siempre he sido algo derrochador; además, aquellas gentes habían querido darme de comer gratis, a pesar de lo reducido de su provisión, y entonces era un verdadero placer enfatizar mi aprecio y sincera gratitud con un importante apoyo financiero y dejar esas monedas en un sitio donde resultarían mucho más útiles que en mi yelmo, liberándome al mismo tiempo de un peso no despreciable, teniendo en cuenta que cada penique estaba hecho de hierro, y yo cargaba casi medio dólar. En aquellos días gastaba el dinero con bastante facilidad, es verdad, pero una de las razones de ello es que todavía no acababa de habituarme a la verdadera proporción de cosas y precios, a pesar de una estancia tan larga en Inglaterra. Incluso entonces me era difícil aceptar del todo que un penique en tierras de Arturo y un par de dólares en Connecticut eran más o menos la misma cosa: mellizos, por así decirlo, en cuanto al poder adquisitivo. Si mi partida de Camelot se hubiese retrasado tan sólo unos días, hubiera podido pagarle a esta gente con hermosas monedas nuevas acuñadas en nuestra propia casa de la moneda, lo cual me hubiera agradado mucho, y a ellos también, sin duda. Había adoptado única y exclusivamente el sistema monetario. americano. Una o dos semanas más tarde, las monedas de un centavo, las de níquel de cinco centavos, las de diez, las de veinticinco ylas de medio dólar, junto con unas pocas de oro, comenzarían a correr en delgados, pero continuos chorros por las venas del reino, que cobraría nueva vida con esta sangre, según confiaba yo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker