Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo
Si se diese crédito a lo que cuentan los caballeros andantes no todos los castillos serÃan sitios apropiados para pedir hospitalidad. En realidad, los caballeros andantes no eran exactamente las personas más dignas de crédito, utilizando los criterios de veracidad modernos, y sin embargo, medidos por los patrones de su propia época y empleando una escala adecuada, podÃa llegarse a la verdad. Era muy simple: en todo lo que narraban descontabas el noventa y siete por ciento y el resto era cierto. A pesar de todo, y aun después del correspondiente descuento, era preferible averiguar algo sobre el castillo antes de tocar el timbre, quiero decir antes de llamar a los guardianes. De manera que me alegré cuando distinguà en la distancia a un jinete que doblaba el recodo inferior de un camino que descendÃa del castillo.
Cuando nos encontrábamos a menor distancia observé que llevaba un yelmo empenachado y parecÃa estar vestido de acero, pero con una curiosa añadidura: una prenda cuadrada y rÃgida, similar al tabardo que visten los heraldos. Tuve que reÃrme de lo olvidadizo que me mostraba esa mañana cuando estuvimos cerca y pude leer el letrero que llevaba en la sobreveste:
JABÓN PERSIMMONS
Todas las prima-donnas lo usan
