Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo
En cuanto tuve una oportunidad, me aparté un poco, conseguí la atención de un anciano de aspecto muy normal y le pregunté en un tono insinuante, confidencial:
-Amigo, hazme un favor: ¿Podrías decirme si perteneces a este sanatorio o si estás aquí de visita, o algo así?
Me contempló con aire de estupidez y dijo: -Por vida mía, gentil señor, pareceríame...
-Suficiente -le interrumpí-. Ya veo que eres uno de los pacientes.
Me alejé pensativo, pero al mismo tiempo tratando de discernir a algún paseante que estuviera en sus cabales y que pudiera aclararme lo que ocurría. Cuando juzgué que había . encontrado a uno, le llevé a un lado y le dije al oído:
-¿Sería posible ver al director del manicomio un minuto, tan sólo un minuto?
-No puedo holgar en plática, señor.
-¿Qué?
-Detenerme, si os place más la palabra.
