Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo Yo permanecía inmóvil, inmerso en la satisfacción, ebrio de gozo, mirando con ojos dichosos y atentos las evoluciones de mi vástago.
Sí, aquello era el paraíso y, aunque nunca más vuelva a saborearlo, puedo decir que ya lo he conocido.