Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo
Bueno, ¿y ahora qué podía hacer? Sobre todo no debía apresurarme. Tenía que ganar tiempo; distraerme con algo , mientras se aclaraban mis pensamientos y mientras aquella pobre gente volvía a la vida. Allí estaba Marco, convertido en piedra en el acto de examinar el funcionamiento de la pistola de aire comprimido, petrificado en la postura que guardaba en el instante preciso en que había caído mi mazo mecánico, el juguete todavía asido entre sus dedos inconscientes. Lo cogí entonces y me ofrecí para explicar su misterio. ¡Misterio! Una cosa tan sencilla, y sin embargo era un verdadero misterio para aquella gente y aquella época.
