Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo
El mundo está lleno de sorpresas. Ahora el rey estaba meditando. ¿Pero sobre qué meditaba?, podrÃais preguntaros. Claro; sobre su asombrosa caÃda: de la posición más encumbrada del mundo a la más baja, de la condición más ilustre a la más oscura, de la ocupación más grandiosa a la más vil... Pues no, os juro que lo que más le atormentaba no era nada de eso, sino el precio por el que habÃa sido vendido. No conseguÃa recobrarse de lo de los siete dólares. Bueno, en un primer momento me sentà tan atónito al enterarme de ello que no podÃa creerlo, no me parecÃa natural. Pero en cuanto se aclaró mi perspectiva mental y logré enfocar el asunto de forma apropiada, comprendà que me habÃa equivocado, que sà era algo natural. Y la razón es simple: un rey no es más que una creación artificial, de modo que sus sentimientos, como los impulsos de una muñeca automática, son también artificiales; pero como ser humano es una realidad, y sus sentimientos humanos son reales, no artificiales. A un hombre cualquiera le avergüenza que se le valore por debajo de lo que él cree valer; y por supuesto que el rey no estaba por encima de un hombre cualquiera, si es que acaso llegaba a tanto.
