Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo
Después de partir el espinazo a la caballería andante en aquella ocasión, ya no me sentí obligado a trabajar en secreto. Así que al día siguiente de mi victoria expuse ante un mundo atónito mis escuelas ocultas, mis minas y mi vasta red de fábricas y talleres clandestinos. O, lo mismo, expuse el siglo XIX a la inspección del siglo VI.
Pues bien, cuando has conseguido una ventaja siempre es beneficioso actuar prontamente para afianzarla. Los caballeros se encontraban temporalmente de capa caída, pero si yo pretendía que la situación fuese definitiva sería necesario paralizarlos por completo. Cualquier otro curso de acción resultaría insuficiente. Veréis, la última vez, en el campo, los había derrotado valiéndome de un farol, y era natural que después de darle unas cuantas vueltas al asunto llegasen a esa conclusión..., de haber tenido la ocasión y el tiempo suficiente. Pero yo no permití que así fuera.
Renové mi desafío, lo hice grabar en placas de bronce y lo coloqué en sitios donde un clérigo pudiese leérselo. Además dispuse que la noticia de mi desafío apareciese en la columna de anuncios personales del periódico hasta nueva orden.
