Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo -No son apropiadas -interrumpió el rey-. Traed vestiduras para él, vestidlo como a un príncipe.
Mi idea funcionaba.Quería dejar las cosas como estaban hasta que el eclipse fuera total para evitar que de nuevo pidieran que despejase la oscuridad, lo cual, por supuesto, no podía hacer. Gané un poco de tiempo ordenando que me trajeran mis ropas, pero no el suficiente. Tenía que inventarme otra excusa. Dije entonces que era bastante natural que el rey cambiase de idea y se arrepintiese hasta cierto punto de lo que había hecho a causa de su excitación y, por tanto, permitiría que la oscuridad aumentase un poco, pero si después de un tiempo razonable el rey seguía pensando de la misma manera la oscuridad sería eliminada. Ni el rey ni ninguno de los presentes se mostraron de acuerdo con esa propuesta, pero yo insistí en ella.
Se hacía más y más oscuro, más y más negro, y yo seguía enfrentado con las engorrosas vestiduras del siglo vi. Finalmente la oscuridad se hizo completa y la multitud comenzó a aullar de horror al sentir la sobrenatural brisa nocturna que soplaba y constatar que las estrellas salían y titilaban en el cielo. Llegó el momento en que el eclipse fue total, lo cual me alegró mucho aunque, por supuesto, llenaba de congoja a todos los demás.