Abel Sánchez
Abel Sánchez —Mira, JoaquÃn —le dijo un dÃa Antonia a su marido—, me parece que el mejor dÃa nuestra hija se nos va o nos la llevan…
—¿Joaquina? ¿Y dónde?
—¡Al convento!
—¡Imposible!
—No, sino muy posible. Tú distraÃdo con tus cosas y ahora con ese hijo de Abel al que pareces haber prohijado… Cualquiera dirÃa que le quieres más que a tu hija…
—Es que trato de salvarle, de redimirle de los suyos…
—No; de lo que tratas es de vengarte. ¡Qué vengativo eres! ¡Ni olvidas ni perdonas! Temo que Dios te va a castigar, va a castigarnos…
—Ah, ¿y es por eso por lo que Joaquina se quiere ir al convento?
—Yo no he dicho eso.
—Pero lo digo yo y es lo mismo. ¿Se va acaso por celos de AbelÃn? ¿Es que teme que le llegue a querer más que a ella? Pues si es por eso…
—Por eso no.
—¿Entonces?
—¡Qué sé yo!… Dice que tiene vocación, que es adonde Dios la llama…
—Dios… Dios… ¡Será su confesor! ¿Quién es?
