Abel Sánchez
Abel Sánchez —¿Y qué preparas ahora? —le preguntó a Abel JoaquÃn un dÃa en que, habiendo ido a ver al niño, se encontraron en el cuarto de estudio de aquél.
—Pues ahora voy a pintar un cuadro de Historia, o mejor, del Antiguo Testamento, y me estoy documentando…
—¿Cómo? ¿Buscando modelos de aquella época?
—No, leyendo la Biblia y comentarios a ella.
—Bien digo yo que tú eres un pintor cientÃfico…
—Y tú un médico artista, ¿no es eso?
—¡Peor que un pintor cientÃfico… literato! ¡Cuida de no hacer con el pincel literatura!
—Gracias por el consejo.
—¿Y cuál va a ser el asunto de tu cuadro?
—La muerte de Abel por CaÃn, el primer fratricidio.
JoaquÃn palideció aún más, y mirando fijamente a su primer amigo, le preguntó a media voz:
—¿Y cómo se te ha ocurrido eso?
—Muy sencillo —contestó Abel sin haberse percatado del ánimo de su amigo—; es la sugestión del nombre. Como me llamo Abel… Dos estudios de desnudo…
—SÃ, desnudo del cuerpo…
—Y aun del alma…
—¿Pero piensas pintar sus almas?
