La TÃa Tula
La TÃa Tula ¿Murió la tÃa Tula? No, sino que empezó a vivir en la familia, a irradiando de ella, con una nueva vida más entrañada y más vivÃfica, con la vida eterna de la familiaridad inmortal. Ahora era ya para sus hijos, sus sobrinos, la TÃa, no más que la TÃa, ni madre ya ni mamá, ni aun tÃa Tula, sino sólo la TÃa. Fue este nombre de invocación, de verdadera invocación religiosa, como el canonizamiento doméstico de una santidad de hogar. La misma Manolita, su más hija y la más heredera de su espÃritu, la depositaria de su tradición, no le llamaba sino la TÃa.
MantenÃa la unidad y la unión de la familia, y si al morir ella afloraron a la vista de todos, haciéndose patentes, divisiones intestinas antes ocultas, alianzas defensivas y ofensivas entre los hermanos, fue porque esas divisiones brotaban de la vida misma familiar que ella creó. Su espÃritu provocó tales disensiones y bajo de ellas y sobre ellas la unidad fundamental y culminante de la familia. La tÃa Tula era el cimiento y la techumbre de aquel hogar.
Formáronse en este dos grupos: de un lado, Rosita, la hija mayor de Rosa, aliada con Caridad, con su cuñada, y no con su hermano, no con Ramiro; de otro, Elvira, la segunda hija de Rosa, con Enrique, su hermanastro, el hijo de la hospiciana, y quedaban fuera Ramiro y Manolita.
