La TÃa Tula
La TÃa Tula De nuevo la pobre Manuela, la hospiciana, la esclava, hallábase preñada. Y Ramiro muy malhumorado con ello.
—Como si uno no tuviese bastante con los otros… —decÃa.
—¡Y yo qué quieres que le haga! —exclamaba la vÃctima.
—Después de todo, tú lo has querido asà —concluÃa Gertrudis.
Y luego, aparte, volvÃa a reprenderle por el trato de compasivo despego que daba a su mujer. La cual soportaba esta preñez aún peor que la otra.
—Me temo por la pobre muchacha —vaticinó don Juan, el médico, un viudo que menudeaba sus visitas.
—¿Cree usted que corre peligro? —le preguntó Gertrudis.
—Esta pobre chica está deshecha por dentro; es una tÃsica consumada y consumida. Resistirá, es lo más probable, hasta dar a luz, pues la Naturaleza, que es muy sabia…
—¡La Naturaleza, no! La SantÃsima Virgen Madre, don Juan —le interrumpió Gertrudis.
—Como usted quiera; me rindo, como siempre, a su superior parecer. Pues, como decÃa, la Naturaleza o la Virgen, que para mà es lo mismo…
—No, la Virgen es la Gracia…
